En el interrogatorio llevado a cabo por el Sanedrín, Jesús es condenado por afirmar que él es el Hijo de Dios. Él sabía que al afirmar esto tendría graves consecuencias. Pero él había venido para cumplir la obra encomendada por su Padre y mostraba así su determinación de llevarla a cabo. La reacción del Sanedrín fue inmediata. Lo interpreta como una blasfemia y la condena a muerte es unánime. Es llevado ante Pilato, y aunque éste no aprecia peligro alguno, se deja llevar por las coacciones de las autoridades judías y condena a Jesús a morir en la cruz.